He de confesar que yo, fanatico de chats y ‘pasame tu mazinger’, no soy.
Ayer, producto del ocio, acto más bien de morbosidad, entré a la que alguna vez fue mi cuenta del live Messenger, un par de clics mas tarde:
Diganme ustedes, ¿esto no justifica mi poco entusiasmo por el Messenger? (claro, a no ser que sea para trabajar). Blurry la imagen para no quemar a mi conocida, que tan terrible persona, ¡no soy!