Hojeando la revista Psychologies me encuentro con esto:
“Es cada vez más común que se omitan letras o se utilicen símbolos para compactar los mensajes enviados, ya sea por Internet o por celular. A pesar de la preocupación de que esto distorsione y minimice las propiedades del lenguaje, estudios recientes de la Universidad Coventry, en Reino Unido, han demostrado lo contrario. Resulta que los niños que emplean un mayor número de contracciones y símbolos a la hora de redactar adquieren una mayor conciencia fonológica. Es decir, las abreviaturas hacen que se desarrolle una capacidad deductiva de la lectura, lo que enriquece el idioma. Según el estudio, difundido por la página de Internet www.elcastellano.org, los buenos lectores pueden interpretar mejor las abreviaturas, pues al leer no se procesan las palabras, sino sus raíces.”
Está bien. Comprendido, ya no puedo quejarme de la distorsión que sufren las palabras y el idioma. Es más, de ahora en adelante me voy a dedicar a desarrollar mi capacidad deductiva (y si me permite, la de usted, querido lector) con un sencillo ejercicio: traduciendo un extracto del libro en turno del castellano al KsTyano:
Staba aQrruK2 n 1 banco i a . d 2rmirC, Qan2 L DsPrto 1 paso elastiQ i firM. 1 muGr, 1 muxaxa, con 1 Bsti2 muy corto Dl q salian 1as πRnas rmosas QbiRtas x Dlgadas Mdias Kladas y Klzada con altas botas rojizas, paso raπdaMnT a su la2, con vigorosos i ritmiQs pasos, rguida i soBrbia, LganT, orguyosa, con 1 rostro frio, D labios muy πnta2 i 1 alto i tuπ2 Pina2 D luminoso amariyo MtaliQ. Su mirada L rozo x 1 instanT, cgura y taja2ra qmo las Dl xTro y Dl aCnsorista Dl hoTl y continuo indiferenT su Kmino
Saben qué… pensándolo bien, este… creo que me gusta mi conciencia fonológica y la pobreza del idioma tal como está.
P.D. Texto original (¿a poco no es una gloria deducirlo?):
Estaba acurrucado en un banco y a punto de dormirse, cuando le despertó un paso elástico y firme. Una mujer, una muchacha, con un vestido muy corto del que salían unas piernas hermosas cubiertas por delgadas medias caladas y calzada con altas botas rojizas, pasó rápidamente a su lado, con vigorosos y rítmicos pasos, erguida y soberbia, elegante, orgullosa, con un rostro frío, de labios muy pintados y un alto y tupido peinado de luminoso amarillo metálico. Su mirada le rozó por un instante, segura y tajadora como las del portero y el ascensorista del hotel y continuó indiferente su camino.
Extraído de ‘La ruta interior’, Hermann Hesse.