Aquí No Se Permite Tomar Fotografías

Aquí No Se Permite Tomar Fotografías

Desde aquel desafortunado encuentro entre mi querido v3 y el ciclo de enjuague de la lavadora (ya podrán sacar conclusiones), no había vuelto a escuchar la melodiosa voz de la señorita anunciando que mi saldo ha expirado. Habían pasado meses ya, y el sábado parecía tan solo justo y necesario reponerlo.

Un par de horas después de estar decidiendo entre marcas, modelos y operadoras, al fin tengo un nuevo y flamante teléfono celular.

Entonces ya saliendo de la tienda –de estas donde pulula la gente bonita–, decidimos probar la cámara para ver si los famosos mega-pixeles le hacen justicia al precio, click, click, un par de fotos después se acerca un elegante caballero y nos dice que por seguridad no esta permitido tomar fotografías dentro del establecimiento.

En varias ocasiones y en distintos lugares me ha sucedido esto, uno saca su cámara/celular para tomar una sencilla foto y te piden que lo guardes, ahí es cuando decides sí muy digno guardas tu sofisticado equipo o te pones a mentar madres al que se te ponga enfrente.

“Por seguridad”…siempre me he preguntado a que se refieren exactamente, pero la imaginación simplemente no me da. Comprendo museos, sitios arqueológicos, zoológicos, entre otros; pero esta norma parece estarse extendiendo por todos lados, ¿O soy al único que le ha pasado?

Muchas veces incluso a extremos ridículos. Una ocasión que fuimos a una expo al DF, alguien se puso a grabar un video en lo que esperábamos el autobús, ahí frente al centro histórico, entonces se acerca un policía y le pide que muestre su permiso para grabar o habría problemas. ¡O habría jodidos problemas! ¡Por grabar un video con un teléfono celular!

¿Soy el único que detecta la surrealista estupidez?

Mientras habrá que aprovechar que las nubes están espectaculares, ve por tu camarita y toma una foto, ya que probablemente mañana venga un jet de la fuerza aérea a prohibir tomar fotografías del cielo, por seguridad, claro está.

4 Comentarios

kozmica dice
Noviembre 19, 2008
1:05 am

Igual yo pienso que es ridículo, me parece una medida como para darse importancia, no veo en qué les pueda afectar.

Es diferente cuando le vas a tomar foto a una persona, ahí sí hay razon para oponerse pero en un centro comercial???

Blaaa…

A mi también me pasó, por eso me quejo :/

fred dice
Noviembre 20, 2008
2:03 pm

¡Ja! ¡Tienes razon Kozmica, cada vez que me hacen eso me siento un poco como secuestrador! :D

Las Horas dice
Noviembre 24, 2008
10:19 pm

Hola Fred, aquí te dejo una anécdota que va muy bien con el tema. Es algo larga, pero ya sabes cómo soy… me encantan los textos largos.

Encuentro íntimo con los hombres de verde
Historia de un abuso

Es una verdad universalmente reconocida, que al hombre con cámara fotográfica, no le es permitido fotografiar un cuartel militar… bueno… quizá no sea TAN universalmente reconocida, porque a mí me han “arrestado” por intento de robo a mano armada, con flash y todo la cosa.

Sin embargo, debo decir que hasta la fecha no puedo considerarme todo un hombre, quizá un jovenzuelo pueril con un gusto por la fotografía, un placer no muy desarrollado y un talento aún menos apropiado, ¿pero qué va?, aún así disparo incoherentemente mi cámara fotográfica.

Todo comenzó una madrugada (muy de cliché) cuando mi insomnio me atacó por enésima vez y tuve que prender el televisor para inspeccionar mi opulento “canal cultural” (Canal 22), ahí estaba una entrevista con una joven fotógrafa mexicana (línchenme porque no recuerdo su nombre) que hablaba de su obra como una “experiencia turística”, degustaba de los largos paseos citadinos en busca de nuevas perspectivas que no solía ver la gente de su propia ciudad, cosas que inclusive ella misma pasaba de largo… ¿por monotonía o costumbre?, la mujer comentaba que su proyecto buscaba ver su ciudad con otros ojos, ser una visitante en su tierra natal.

Fue así como se me metió la idea de ser un turista en mi propia ciudad, aunque paradójicamente fui turista en la ciudad donde estudio “Artes” (Cuernavaca) ciudad que no es mi ciudad (porque yo soy de Cuautla).
Al día siguiente tenía que ir a la universidad para la cual estaba postulando, acaba de terminar un tortuoso curso de treeeesss largos años sobre “Como ser un técnico laboratorísta clínico”, una carrera muy amena si eres un masoquista (¿aunque a quién engaño? Soy un masoquista), así que me encontraba sumamente emocionado de poder, AL FIN, dedicarme al cine, el video y la fotografía.

Aquella mañana tomé mi cámara y mis papeles para el registro universitario, tenía la intención de tomar algunas fotografías. Llegue a la universidad, realicé el papelelo rápidamente y salí a tomar una ruta que me llevara cerca de la parada de autobuses, sin embargo me baje MUCHAAAASSS cuadras antes y decidí caminar hacia la parada, ustedes saben, para tomar fotografías.
En mi pequeño maratón me topé con un cuartel militar, UN ENORME CUARTEL MILITAR, era hermoso (no puedo negarlo) preciosos jardines y una bandera a lo lejos; no soy muy patriótico, pero tampoco malinchista, sencillamente me gustó todo el contexto, una brillante composición urbana.

Así que saqué mi arma y dispare unas mmmm ¿cuatro veces?, quizá quedé satisfecho con el número de fotografías a pesar de ser poco apremiantes. Cuando me disponía a seguir mi camino un hombre de verde se acercaba hacia mí, me gritaba que no me fuera, me silbaba, etc, etc, quería hablar conmigo.
Me preguntó insistentemente, aunque no por ello de forma brillante, la razón de mis fotografías. Fue cuando mi pequeño cerebro de cacahuate resumió que evidentemente estaba prohibido tomar fotografías a la gente más paranoica del mundo: Los militares y su cuartel colonial.

Le dije que podía borrarlas en aquel preciso momento, pero el hombre que tartamudeaba me llevó al interior del cuartel, ¿qué podía hacer?, no puedo negarlo, me puse un poco nervioso, aunque después de razonarlo por una milésima de segundo concluí que no había hecho nada malo, al menos no con alguna intención y aunque los militares no lo entendieran, yo no mostraría nerviosismo alguno.

El hombre no dejaba de hablar y tartamudear, decía cosas como: Es-es-es ta prohibido-do-do tomar fo-fotos al cuartel, podrías bajarlas a la computa-ta-tadora y descubrir nuestro-tos puntos de-débiles.
No podía creerlo, sólo faltaba que me empezara a enunciar cuales eran las deficiencias del cuartel en caso de un ataque. Dios quiera que México no declare la guerra a nadie, porque no soportaríamos ni 3 minutos ante el enemigo.
Entré al cuartel y la primera pregunta que me hicieron fue: “¿PARA QUÍEN TRABAJAS?”, ¡Y una vez más!, una puntada de inteligencia y sutileza por parte del ejército. Así expliqué que postulaba para la universidad del estado de Morelos para la facultad de “Artes” y que no era mi intención haber irrumpido las reglas, shálala, shálala, ¿qué importaba cuánto hablara?, no hablo el dialecto de los monos, no nos estábamos comunicando.

Fue cuando tres tipos me escoltaron (me sentí importante: ¡Tres hombres!, válgame, con arma y todo) les dieron la indicación de llevarme a la sala de invitados, ¡Jolines, de invitados! ¿o de bienvenidas a la tortura?, no obstante llegó un tipo con una desfachatez insospechada, de chanclas, cabello largo, pantalón deslavado y cara de maleante… no era un militar, pero no sabía si eso mejoraba la situación. Me quitó la cámara y se puso a revisarla, llevaba algunas fotografías del jardín de una amiga, de algunos puestos de fruta bajo la lluvia e inclusive de mi propio perro. Las revisó y revisó, después llegó otro (sin ser uniformado) con cara de intelectual, revisó las fotos y dijo: Yo no veo nada de arte… (Entonces pensé: ¡Wow, estoy MUY MAL si hasta un militar cree que soy poco artístico!) me pregunto la razón de las fotos, etc, etc, tuve que repetir el asunto ese del alumno de artes, de la universidad, bla, bla, bla.
Reiteró que no veía nada de arte, aunque esta vez especificó: Se refería a las fotos del cuartel. “Válgame”, pensé, “pero si por eso es usted un militar, no es necesario que sepa nada de arte”, pues con aquel comentario ponía en evidencia su estrecha mentalidad, era de aquellas personas que nunca entenderían “La Fontaine” de Duchamp, el performance art, el dadaísmo, el informalismo, ni el vil accionismo vienés. Claro que yo nunca le llegaré ni a los talones a Duchamp, pero aquel el hombre tenía la facha de haber visto en su vida quizá “Las señoritas de Aviñon” y con mucha suerte “La guernica” de Picasso, claro, sin siquiera saber qué es lo que estaba viendo. Pero claro, démosle crédito al hombre, no soy buen fotógrafo.

Tuve que vaciar mis pertenencias en la recepción (por gracia o desgracia no llegué a la sala de invitados o de tortura, como se le llame en estos días) llevaba un libro en mi mochila: “La noche es joven”, mi tía me lo había prestado. Lo sacudieron y le quitaron el separador, revisaron mis papeles de la universidad y le sacaron copias, llenaron una forma con mis datos y preguntaron prácticamente si tenía algún familiar en la cárcel o criminal, como si fuera a contestar: “Claro, huy, preguntadme, pero… precise el tipo de cárcel, reclusorio, si acaso cuenta el manicomio y el tutelar de menores, porque verán que tengo cara de maleante usurpador de vidas”.
UFFF después llegó otro tipo (¿Qué no tiene trabajo que hacer?) me dijo de forma muy sutil que no tomara a mal la revisión, que no necesitaban más mala fama y que lo hacían para protegerse (ENTERNECEDOR MUY ENTERNECEDOR) para proteger su integridad y protegerse a si mismos. La verdad es que no entiendo a quién sirven y cual es su función, porque soy un IGNORANTE (con mayúsculas), lo acepto, ni siquiera sé que hacen los de la marina ¿nos protegen del cracken?

En fin, borraron las fotos del cuartel y me devolvieron la cámara. Para terminar llegó un jovencillo, el cual se puso a platicar conmigo. Una vez que mi integridad se encontraba por lo suelos el jovencillo me escoltó a la entrada y me dijo que tuviera cuidado, que no se habían puesto “Picudos” y que pudieron haberme hecho daño. Me despedí del joven y me fui a tomar mi autobús, sin ganas de ser un turista más, con mi alma artística destrozada y un desagrado permanente por los hombres de verde (sin contar a los nomos, enanos y duendes), pero claro, todo me lo he ganado.

fred dice
Noviembre 25, 2008
1:34 am

¡Wo L.!

Lo acepto, me han dado una inocente nalgada, en comparación con la… reveladora… experiencia que has tenido con las personas de nuestra brillante milicia mexicana.

¡Que fuerte! Quizas si hubiera estado yo en tu lugar, me ponia a berrear antes de que me escoltaran al cuarto de invitados.

Lo rescatable del asunto es la anécdota que ahora tienes para compartir con todos nosotros, date una vuelta por acá seguido, que de verdad disfruto leerte.

¡Saludos!

¿Y tú, Que Opinas?

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