Ayer estaba sentado en una banca del paradero de autobuses. Me entretenía ver a las personas huyendo de la lluvia lo mejor que podían, unos se hacían casita con sus chamarras y los precavidos mojaban a la gente alrededor con su sombrilla chorreante. Y yo sentado escuchando el ipod. Entonces veo una persona que me está hablando, pero no escucho nada. Una chica que pasa por el mismo lado de la calle. Y traía un suéter rosa.
Me quito el audífono…
— Disculpa, ¿Qué dices?
— ¿Cómo?
— Si me estás hablando…
— No.
Se sienta junto a mí, y unos segundos después, con el timing perfecto de ese que manejan tan bien en las comedias inglesas, dice «bueno, adiós,» se para y sigue caminando.
Y me pongo el audífono sin entender que coño acaba de pasar.