Anuncio clasificado: busco bruja buena para quitar hechizo poderoso a discreción. Interesadas, mandar un SMS a mi celular, cuyo número de doce dígitos ustedes fácilmente conocerán por que son brujas, brujas.
Estaba yo haciendo una búsqueda a la antigua —de negocio en negocio, nada de guguel— en un concurrido centro comercial, cuando una amable señorita pide un minuto de mi atención; cómo yo no puedo negarme a tales peticiones, naturalmente accedí.
Ahí me cuenta que están haciendo una colecta para remodelar la escuela primaria, que está ofreciendo tres tamarindos por diez pesos, y yo podría sentirme buen ciudadano al contribuir. Como casualmente traía una moneda en la mano, la cambié por los dulces —que al final ni me gustan.
Continúo mi camino, cuando a los tres o cuatro pasos adelante veo que hay otro par de amables señoritas esperando al igual vender sus tamarindos. Creía estar preparado a lo que venía. Me detiene una de ellas y yo le muestro los dulces que acabo de comprar a su compañera, a modo de pasaporte (estas señoritas, que son muy amables, están entrenadas para tapar el camino de los bienaventurados.) Entonces me cuenta que ella y sus compañeras están vendiendo estos tamarindos para remodelar el orfanato de las hermanas de la paz (¿Qué no era para remodelar una escuela? A estas chicas sí que se les da el altruismo.)
Sintiéndome embaucado, le digo que ya le compré a su compañera; ella responde: «¡ay, ándale cómprame a mi también!» Me dieron ganas de decirle que se pusieran de acuerdo para que obra de caridad iban a decir que iban a contribuir, pero sólo le dije que no, que soy pobre —bueno, tampoco eso de la pobreza, pero eso queda siempre muy bien y te dejan en paz inmediatamente. Lo he hecho.
Cuando le dije que no, ¡puso una jeta! ¡Pero una jeta! Qué yo creo nunca había visto una mueca que lograra ser tan recriminante, caprichosa y maniática a la vez. Unos ojos de molestia cómo si le hubiera hecho lo peor, que en un momento tipo scrubs, le entregaba cartera, números confidenciales, celular y demás objeto de valor que trajera para que ayudara a la escuela primaria y a las carmelitas descalzas y huir lo más rápido posible.
Para que se den una idea, esos ojos eran algo así como el ojo maldito de Poe, combinado con los de la niña del exorcista. Además yo creo que me dieron mala fortuna. Cerraron la tienda, el autobús me dejó, el manos libres del celular chupó faros, cuando al fin logré irme, subieron al autobús unas personas con cubetas con salsa, que eso era cómo viajar en el interior de una caja de pizza. Y además, estoy seguro que un grupo de niños me estaba viendo feo.
Al final lo que me convenía era comprar esos tamarindos. Ahora tengo y reparto mala suerte; y a ver en cuanto sale reparar o comprar otro manos libres, que con la escuela, estoy yo ahora para gastar el dineral en periféricos. Me alejo de la computadora, antes de que le cause un corto circuito.
¿Será que esto viaja por el mundo cibernético?