El proceso del rediseño de un sitio web, blog o cualquier sitio puede llegar a ser totalmente frustrante, pero el resultado al final es totalmente gratificante.
Dicen que uno es su peor crítico, quien fuera que se le ha ocurrido tiene toda la razón, toda. Aquí esta la crónica del rediseño de mi sitio personal. Para empezar, decidí cambiar (a pesar de que me gustaba bastante el diseño pasado) por que sentía que necesitaba extenderme, usar todo el espacio en la pantalla, además de dar un sentido diferente, algo que sintiera más personal.
Lo primero que hice fue intentar extender el diseño original, el mismo estilo, es más, rehusando algunas imágenes como el fondo, paletas, etc. Sin embargo, no me gusto el resultado, me parecía que se veía muy “a la fuerza”. Por lo que decidí que no podía adaptar el viejo diseño, simplemente no salía. Días después estaba en la frustración total.
Entonces decidí despejar la mente totalmente, dejar durante unos días el diseño que había armado, desarmado, destrozado y terminado por odiar. La mejor manera que conozco de hacerlo es navegar por la red, visitar cientos de sitios, mirar por aquí y por allá, me sentía como niño en juguetería.
Después, una arregladita a mi cuarto, sacar basura, papeles de fluidos varios, barrer, trapear, todo en su lugar. Al terminar se siente tan bien no tener que tropezarse con la ropa o hacer malabares con las torres de papeles. Todo arregladito cambia totalmente el entorno, cambia el ambiente y por alguna razón es mucho mas sencillo pensar claramente.
Ahora si, a trabajar. Una vez que pude salir de la frustración todo salió tan fácil, ahora se veía tan obvio cada paso que termine en cuestión de horas y quede terriblemente feliz con la nueva imagen.