Descubrí algo muy curioso. Fíjense ustedes —y esto es verídico— que las bolsas con basura no desaparecen como por arte de magia de un día para otro. Supuestamente uno tiene que sacarlas para que unos tales recolectores se las lleven a cambio de unas monedas. Y cuentan que dichos recolectores, sólo pasan a eso del cantar de los primeros gallos. Insólito.
Yo creo que voy a esperar a que cobren vida y se coman entre ellas.