Sobreviví al malvado, preciso y elaborado plan del gato.
Hace un par de días me dirija a la cocina por una botella de refresco. ¡Oh Sorpresa! Ahí estaba otra vez… ese minino. A pesar de que entré en son de paz, en cuanto me vio decidió poner su perverso esquema en marcha.
Con su atlética habilidad saltó hacia un taburete, se movió con elegante agilidad e intentó salir por un pequeño hoyo en la ventana. «¡Jaja! Estúpido gato», pensé cuando lo vi atascado. Mi ingenuidad era temeraria.
Se empujo hasta que logro salir. «TSSSSSSSSSSSS» se empezó a escuchar. El muy terrible cuadrúpedo había desconectado con sus patas delanteras el tubo de gas.
¡El gas estaba escapando!
Pensé rápidamente que podría causar una explosión, ¿cerillos? extraviados, ¿estufa? Apagada, ¿cigarros? Es cosa del pasado.
«¡Coño! ¡¡El Boiler!!» El calentador de agua, siempre encendido, se encuentra justo junto al tanque de gas (ahora que lo reflexiono, no es la mejor ubicación que se le podría ocurrir a uno). Intenté pensar rápidamente, ¿seria lo ideal que me apurara a apagar el boiler? De todos modos, si me alejo a un lugar a salvo de la explosión, ¿Qué tan lejos es lejos?
Cuando me di cuenta ya había apagado el calentador de agua, y unos segundos después cerramos el tanque de gas (¿Por qué carajo no se me ocurrió eso primero?).
En la calma, volteo. ¿Saben quien estaba bien atento? Ese maldito gato. Observando plácidamente desde la lejanía.
Todo esto me ha llevado a la conclusión de qué: Los
gatos quieren apoderarse del planeta.
¡Hasta mi próximo encuentro con el malvado minino! Mientras tanto:
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